El soldado

Elefantes en el TSAVO N.P

Tras haber pasado unos dias en TSAVO NP (Kenia) nos dirigíamos al Ambosseli NP. Una ruta de 135 kms que se realiza por la ladera del Kilimanjaro cuyo trayecto en coche dura unas 5 horas .

Los Rangers nos avisaron que teníamos que viajar escoltados por soldados ya que la ruta era un poco peligrosa. Estábamos muy cerca de la frontera de Tanzania y corrian rumores de que actuaban bandidos por allí.

Con aspecto serio, semblante frio y sin articular ni una sola palabra de bienvenida, un soldado armado hasta los dientes se subió al coche y se sentó a mi lado.

Viajábamos todos en silencio. Yo estaba inmersa en mis pensamientos, pensaba en la historia reciente de aquel país. Miraba al soldado y me preguntaba a cuanta gente inocente podría haber disparado con su rifle. Pensaba también en toda lo que habrian tenido que soportar las mujeres viendo morir a sus maridos delante de sus propias narices mientras se llevaban a sus hijos. Sentí rechazo sobre aquel soldado que sin permiso alguno se hizo con el control de nuestro viaje.

El paisaje era maravilloso, el dia estaba muy despejado y se podía apreciar con facilidad la cima nevada del Kilimanjaro. Yo intentaba adivinar la edad del soldado. Su piel estaba muy curtida por el sol y podría tener 18 años o quizás 28. Era difícil saberlo con certeza.

A medio camino efectuamos una parada. El soldado abrió la puerta para salir y la cerró con toda la fuerza que le fue posible. Escuché un gruñido. Enseguida me di cuenta que se había pillado la mano con la puerta al cerrarla. Su cara estaba desfigurada por el dolor pero intentaba disimular y se alejó del coche con aspecto serio.

Despues de esperar durante unos 15 minutos, la puerta se abrió de nuevo y el soldado volvió a subir al coche sentándose a mi lado otra vez sin articular ni una sola palabra.

Viajábamos embobados con el paisaje. Nadie abria la boca. De pronto, mis ojos se fijaron en el rifle del soldado. Lo tenía casi rozando a mi pierna y vi que estaba ensangrentado. Subí la vista, y me di cuenta que estaba herido.

Sin pensarlo dos veces, cogí su mano, busqué en la mochila toallitas húmedas y le limpié la herida. Era bastante profunda. Se podía apreciar el hueso con facilidad. No sé como podia aguantar el dolor. El soldado permanecía impasible, sin inmutarse.

Vicenç se encontraba sentado detrás mío y seguía con detalle toda la situación. Me acercó una venda, le tapé la herida y volví a colocar su mano en el fusil. El soldado no decía nada.
Continuamos nuestra ruta en silencio.

Después de pasar un buen rato, noté que el soldado me miraba fijamente. Por primera vez me sonrió y dijo: “God bless you”.

A partir de ese momento no dejó de hablar con nosotros. Comentaba cada cosa que creia nos podía interesar: animales que se veian en el camino, el Kilimanjaro, árboles… pero de vez en cuando se ponía serio y decia: “God bless you to you and your family”.
Moraleja: no se debe juzgar a las personas sólo por su apariencia.


Parada en el camino. Los soldados debían pasar revisión en el campamento.















1 comentario:

lucalvago dijo...

Posiblemente él no quería ser soldado y posiblemente las respuestas a las preguntas que tú te hacías sobre él eran la carga que le hacían estar serio. A nadie le gusta matar y todo el mundo necesita ser aceptado. God bless you and your family. ¿Posiblemente la que él había perdido?

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.