Swazilandia


Swazilandia hoy cubre un área de 17.373 kilómetros cuadrados. Está situada entre las fronteras de Sudáfrica y Mozambique en el sureste de África.

El rey Sobhuza I fundador de la Swazilandia pre-colonial fue considerado como el arquitecto de la nación. Dedicó su vida a consolidar y fortalecer la monarquía en un momento en que la región se encontraba bajo la amenaza de los zulúes y la expansión colonial. No pudo escapar de las consecuencias de la guerra entre los anglo-boers 1897-1902.

En 1902 cuando los británicos y los Bóers firmaron la paz, Swazilandia fue cedida a los británicos y declarada protectorado británico.

El rey Sobhuza II llegó al trono y declaró la independencia en 1968. Sobhuza II muere en 1982 y le sucede King Mswati III hasta la actualidad.

Danzas:

El baile y los cánticos son muy importantes


Aún se siguen representando en eventos especiales.




Nuestro destino en Swazilandia es Mkhaya Game Reserve. Una reserva que sirve como refugio a especies en peligro de extinción. Está especializada en la conservación y cria del rinoceronte negro y blanco entre otras especies.

En un lugar originalísimo situado en pleno corazón de la selva virgen de la estepa baja, se sitúa el Stone camp Mkhaya. Allí pasamos dos noches.

Para llegar, tuvimos que dejar el coche a la entrada de la reserva y esperar a que los rangers nos vinieran a buscar. No es posible acceder de manera individual. El camino dura una media hora y es complicado ya que hay que atravesar varias zonas de reserva marcadas y es necesario hacerlo en todoterreno. No hay asfalto.

Las cabañas son abiertas. Solo un techo y unas paredes de piedra delimitan la zona. Todas están colocadas estratégicamente de modo que no se pueden ver unas con otras. El restaurante está situado a unos 500 metros y por la noche como no hay electricidad se accede a cada cabaña por caminos marcados e iluminados con candiles.


En la foto abajo. Las camas con sus mosquiteras
La zona de aseoZona principal de la estancia

La tranquilidad era absoluta. aunque confieso que no me agradó demasiado la sensación de dormir a la intemperie en medio del bosque escuchando los ruídos de los animales salvajes. Hienas, leones... suerte que finalmente el cansancio y el frío me vencieron y pude dormir sin problemas.

Por la mañana con la luz del día me desperté y me quedé bastante perpleja al observar que tenía esta visita:





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